המשך
Tenía apenas 13 cuando inició su primer romance de tres años, con su entonces compañero de trabajo en “R-way”, el actor Felipe Colombo (24). “Eramos como hermanos, vivíamos todo el día juntos” -recuerda Luisana-. Un año entero le dedicó a un novio anónimo que nada tiene que ver con el ambiente, “porque soy muy enamoradiza” –explica-. Hasta que, en noviembre de 2004, conoció a Mariano Martínez (28), con quien sostuvo una relación de poco más de dos años, y del que hoy, y a raíz de la revuelta mediática, dice: “Doy fe de que le gustan las mujeres, al menos mientras estuvo conmigo”. Sin titubear, y después de algunos meses sin continuidad afectiva, hoy asegura: “Sigo creyendo en el amor”. Y redobla la apuesta junto a Juan Mónaco (23), tercer mejor tenista rankeado del país, reciente ganador de los torneos ATP de Buenos Aires, Kipz Buhel y Poertschach, y considerado el de mejor desempeño del año tras 23 torneos jugados. Aunque sus trofeos más valiosos podrían ser las palabras de su novia: “Si no estuviese tan, pero tan, enamorada de Juan, seguramente estaría sola”. —¿La aburre la soltería? —Me llevo muy bien con la soledad, nunca usé el amor como pasatiempo. Si hoy estoy enamorada es porque pasó de repente, sin buscarlo. Cuando Juan se cruzó en mi vida, pensé: “¿Por qué voy a estar sola si extraño estar con él?, ¿por qué debería de llamar a otros hombres si sólo tengo ganas de hablar con él?”. Prefiero tener un hombre con quien compartir la vida que uno por noche de boliche. Y Juan fue el candidato perfecto. Ni bien lo conocí, me cerró en todos los aspectos. Las relaciones pasadas le han dado a Luisana mucha experiencia. Y esa experiencia, una lección: “Ahora soy más racional en la confianza y agudicé el ojo para detectar cuando una pareja esconde cosas raras”. Tarde de diciembre de 2006. Timbre en la casa de los Lopilato. “`Lu`, por favor, necesito que vengas conmigo, porque mi novio no puede acompañarme”, dijo su vecina aferrada a los tickets que la misma “Lu” le había regalado tiempo atrás, obsequio de una marca sponsor de un torneo del Buenos Aires Lawn-Tennis. “No me quedó otra -cuenta la actriz-. Pasé todo el partido al lado de él sin saber quién era. En mi vida supe algo de tenis, no cazaba una. De repente, nos miramos. Se me acercó y se presentó -recuerda – hablamos un rato, me sacó el teléfono y bueno..., después todo lo demás.” Tal vez, no condescendiente con la realidad, Luisana admite: “Y eso que nunca me gustaron los hombres lindos, pero Juan es un bombón que me hubiese podido de cualquier modo.” —Sin repetir y sin soplar, aspectos de Mónaco que la enamoran. —Juan es buena gente, es tranquilo, un hombre completo. Me da la paz que necesito, me respeta, me contiene, me sorprende. Es caballero, cariñoso y no es grosero. Habla bien, y eso es lo primero en lo que me fijo de un hombre. —Novia de un tenista, ¿sentenciada a extrañar ? —Es difícil, porque la lejanía siempre potencia los sentimientos, y hablo tanto del amor como de las peleas, aunque con él no llego ni a las discusiones. Tampoco es tanto el tiempo que estamos separados, porque pasa una semana acá y dos afuera. Y el teléfono arde, hablamos todo el tiempo todos los días. Mis amigas me comen la cabeza preguntándome si los celos no me ponen paranoica, pero gracias a Dios, no somos inseguros. Viví otras experiencias difíciles y aprendí que soy celosa sólo cuando me celan. Juan no es enfermizo, ni el tipo de hombre que trata de limitarte por inseguridad propia. Estoy aprendiendo a amar a la distancia, porque él lo vale. —¿La distancia hace volar la cabeza? —Cuando estoy enamorada hago locuras. Hace poco, Juan debía jugar en Hamburgo. Lo extrañaba tanto que, cuando terminé la función de teatro, me tomé un avión y fui a verlo. Tardé más de un día en llegar, estuve con él sólo 24 horas y, al día siguiente, volví a Buenos Aires. —Hoy por hoy. ¿Hasta dónde cedería por amor? —La profesión, jamás. Y no dejaría que él tampoco lo hiciese. Ambos estamos viviendo el mejor momento, y amamos tanto lo que hacemos, que nos respetamos, contenemos y alentamos mucho. —¿Una novia evolucionada? —La experiencia me enseñó. Antes preguntaba demasiado a mis parejas, y pasaba horas indagando en sus pasados. Pero hoy me di cuenta de que todos tenemos un historial, y que eso es archivo. Si el hombre que elijo hoy está conmigo, ya no me interesa saber qué hizo antes. Vivo el presente, de lo contrario el amor no se disfruta. —Tanto amor amerita un compromiso. ¿Volvería a hacerlo como en aquel verano de 2005, con Mariano Martínez? —Jamás puse plazo a ninguna boda. Y en aquel momento, en vez de darnos un peluche, optamos por un anillo como símbolo de unión. Pero ahora aprendí que nada de eso es significativo, porque Juan me enseñó que amarse desde la base del respeto es el mejor de los compromisos. —¿Ya hubo presentaciones familiares?